#SDPReview: “The Search Part 3: The Hypothesis” de Benjamín Lechuga: Mosaico de metal fusionado.

Reseña escrita por Andrés Cuneo, periodista y líder de Soul Robots.

A mis manos (o más bien a mi email) ha llegado la producción más reciente del eximio guitarrista nacional Benjamín Lechuga The Search Part 3 que, como su nombre sugiere, es la tercera producción del músico nacional y en la cual participa un gran número de músicos invitados.

Benjamín Lechuga cosecha una exitosa carrera más visible en el ámbito internacional que en Chile. Ha promocionado sus trabajos en Europa y durante el año pasado acompañó a Marty Friedman en Chile y México.

Las coordenadas de su música podemos situarlas en el mundo del metal progresivo, pero en esta oportunidad el guitarrista ofrece un álbum lleno de elementos de fusión y con una sorpresiva variedad de instrumentos poco esperable en este género.

Al arrancar el trabajo con Lettuce & The Gang, se advierte un complemento interesante de funk y pasajes ambientales. Rompe de esta forma la habitual autocomplacencia del rock progresivo, que lleva tantos años mirándose el ombligo del solo de guitarra y, por ello, podemos dale al creador el mérito de evitar los caminos más trillados del estilo.

Anxious on Hold, al piano, es una breve pieza construida en base a una tonalidad nostálgica algo lúgubre y autocontenida, que da paso luego a Waiting for the Miracle, basada en una sonoridad de blues con elementos de jazz y que a ratos recuerda a una big band gracias a la rica instrumentación, la cual es manejada siempre con moderación, punto favor dado que debe resultar difícil resistirse a la tentación de llenarlo todo. Agreguemos a lo anterior la voz de Consuelo Schuster, que completa un cuadro rico y variado.

The Hypotesis es otro paisaje sonoro a base de guitarras que antecede la llegada de Insomnia, de estilo más estrictamente metal, sin por ello resultar tedioso, destacándose los solos de guitarra y el exigente compás de batería que construye la tensión principal del tema, en una simbiosis rítmica de Neil Peart y el math rock. El piano es un buen recurso, utilizado varias veces en esta producción, y en este caso un interludio trae un poco de paz en medio de la densa y detallista estructura musical de la canción. Hay algo de riesgo innecesario pues el resultado es una pieza muy larga, pero ese es un punto debatible y seguramente para los seguidores del estilo no resultará un problema.

Para continuar, volvemos al recurso de una breve interpretación antes de desatar las bestias. Es el caso de Please Let Go, que suena extrañísima y cinematográfica, con un sonido como de caja musical apoyado en un arreglo de cuerdas. Su brevedad le impide ser problemática, y luego viene Leap of Faith, cuyos primeros compases tienen una reminiscencia de Iron Maiden y Judas Priest, pero luego evoluciona en una suerte de rap metal apoyado con cuantiosos vientos y en el que por primera vez aparecen letras (en inglés). Luego la canción avanza a un paisaje más propiamente metalero, con elementos melódicos que parecen sacados de la música árabe o tal vez el flamenco, progresando todo luego a un paisaje metalero downtempo, para finalizar el tema con un scat apoyado en variada instrumentación, rescatando nuevamente esos aires de big band antes descritos.

Madness, penúltimo capitulo de esta entrega musical, cuenta con un crédito importante del lado de los teclados: Derek Sherinian, ex integrante de Dream Theater en los ’90, quien además ha acompañado a leyendas como Alice Cooper, Billy Idol e Yngwie Malsteem. Aquí Benjamín Lechuga propone un lienzo compuesto de diversos caminos clásicos del metal, dejando el espacio necesario para que el norteamericano aporte su clase en las teclas.

Sherinian se repite el plato con el último tema de la producción, que arranca con sonidos de raíz étnica y anclados algo en la tradición de Pink Floyd, un aspecto que resulta refrescante al finalizar la escucha. Los riffs iniciales resultan abrasivos y expresivos. Luego del fuego y el metal viene un pasaje de reversas de batería y piano en tradición jazz fusión, jazz funk, y de pronto ya resulta un poco difícil describir la amplitud de registros que se van sucediendo. En este diálogo transcurren los últimos minutos (son ocho y medio en total), intercalando frases de metal naturalmente, de modo que es imposible olvidar cuál es el punto de partida de todo el trabajo.

Esta producción es valiosa porque en muchos puntos es una carta competitiva chilena en el metal progresivo a nivel mundial. Conocidos son los méritos del guitarrista en el circuito, pero finalmente “por sus discos los conoceréis”. Los seguidores del metal muy estrictos probablemente no la valorarán tanto, porque aquí Benjamín Lechuga se atreve incorporando elementos de otras corrientes musicales, cuestión que le pone los pelos de punta a los ortodoxos.

Sin embargo, no puedo evitar mencionar que el músico intentó decirlo todo en cada parte de este trabajo, como si fuese el último. No hubo recurso sin utilizar. Eso es una virtud o un problema, dependiendo del punto de vista. Era muy válido también explorar nuevos caminos mediante algunos estilos y lenguajes, restringiéndolos, a fin de profundizarlos en vez de presentar una paleta tan colorida. Quizás es la única crítica que se puede hacer, pues el resto es sólo aporte y deja la vara muy alta a quien intente, en la galaxia musical del metal chileno, pisarle los pies. En este sentido, ojalá que pronto se convierta en una referencia.

Puedes escuchar este trabajo aquí.

  

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