#SDPReview: “Algoritmo creador” de Jor, minucioso y detallista

En “No músico” (Sello Fisura, 2014), Jorge González Fuentes, mejor conocido como Jor, presentó rotundas credenciales de ser un compositor con una capacidad privilegiada para crear canciones pegajosas, de esas que se meten en la cabeza del oyente, y no es fácil sacárselas. En “Algoritmo creador” (Inda Jaus Music, 2018), y quizás a consecuencia de un trabajo mucho más elaborado y perfeccionado, el sambernardino apuesta por desarrollar una idea artística por sobre la comercial.

Al igual que en su debut, “Algoritmo…” es una plaza conceptual, que habla de los compromisos que nuestra condición humana nos impide evitar, toca esos conflictos de los que preferimos no hablar, porque pensamos que al obviarlos, éstos no harán acto de aparición, como si la muerte fuera un acto necesariamente invocado por nuestra voluntad. Habla de la vida, de la reencarnación de afrontar de cara las cosas y no postergarlas; todo esto, cómo única y efectiva receta para dar vuelta las páginas. Muy musical, muy artístico, pero a su vez muy con los pies puestos en la tierra. Hablar de enfrentar los procesos, por muy dura que parezca la catarsis generada a consecuencia, pareciera ser la única solución a un país como el nuestro, que para sanar completamente sus heridas necesita saber cómo se produjeron. Es así como el arte, sin importar la época en la que se inspira, termina siendo de modo inevitable una radiografía de lo que somos, amplificando sentimientos, curiosidades e inquietudes individuales hacia los elementos colectivos que nos definen.

Destacan sus sencillos, estratégicamente publicados para dar a conocer la idea general del material. “Calma, por favor” -ganador de Mejor Videoclip en la última edición de los Premios Sonidos del País – tiene una frase potente que habla del deseo del narrador de ser recordado en el futuro, y me hacía pensar en esos oficinistas que se parten el lomo trabajando, que cuando mueran o jubilen, no serán homenajeados. La oficina donde se desempeñaron por años no llevará su nombre. Somos como ganado, una producción en serie para que unos pocos nos saquen todo el provecho posible. “Vacaciones” es un nostálgico ejercicio (acompañado de un muy oportuno videoclip, editado a partir de registros familiares del autor entre 1998 y 2001) del tiempo que pasó y fue mejor y que, de hecho, nunca más va a volver. “Naranja” deja ver rasgos psicóticos propios del enamoramiento obsesivo, de la necesidad de tener lo que no podemos tener, de ese amor en secreto que no queremos ir y declarar. A veces se nos olvida que lo peor de invitar a una chica a bailar es que diga que no. Nada más grave que eso. “Venme a rescatar” tiene la esencia indie pop que uno espera para tomar un respiro. Es la música que uno necesita para mirar por la ventana, tiene unos arreglos realmente hermosos, que acompañan una idea global muy bien desarrollada, la que continúa en “19”, pista que inteligentemente le sigue en el setlist del álbum. Dos canciones con méritos comerciales de sobra para dar la pelea por un espacio en las parrillas radiales.

Por otra parte, aparecen un mix de canciones atractivo, de composiciones más complejas en su estética, quizás un poco más difícil de digerir en primera instancia, pero que responden precisamente a los trabajos artísticos creados con esa intención: se necesita masticar la propuesta, dimensionarla, valorarla, buscarle explicaciones y, finalmente, adueñarse de ellas.

Aquí hay un disco que nace siendo interesante, pero al que el tiempo le podría dar una madurez exquisita.

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