El primer autogol del nuevo Ministro de Cultura

Por Utzu García

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La cultura cumple un rol fundamental en el desarrollo integral de la sociedad. Arte y cultura, junto a ciencia y tecnología, son las dos areas cruciales para el crecimiento de una nacion y, por qué no, del mundo entero. Espacios como la educación no son más que el aterrizaje de los contenidos generados por esos campos de conocimiento. Por lo mismo, el rol secundario del Ministerio de las Culturas, y la inexistencia de uno de ciencia, sólo delatan el grave error de enfoque de nuestras políticas públicas y acciones del mundo privado.

Concentrémonos en lo que nos convoca: la cultura. Hace un par de días, el Presidente Piñera anunció su primer cambio de gabinete, en donde Mauricio Rojas, un ex MIR y amigo cercano del mandatario asume esta cartera de reciente creación. Y sólo horas necesitó en su nuevo puesto para desatar una polémica de proporciones: señaló que el Museo de la Memoria, espacio destinado al resguardo histórico de las violaciones a los Derechos Humanos, no es más que un montaje.

Más allá del color político de donde provienen las palabras o las reacciones emanadas desde la vereda del frente (el resumen de la historia reducido a abusadores y abusados), el arte y la cultura necesariamente son de índole social: desde las pinturas rupestres hasta el trap, pasando por la herencia grecorromana, el renacimiento, la música clásica el surrealismo mágico y el rock and roll, entre otras, la cultura siempre ha sido un reflejo de lo que somos.

Sea esto bueno o malo, nos guste o nos incomode, sea adhoc o una piedra en el zapato para nuestras ambiciones políticas y económicas, la verdad es algo que se encara y se enfrenta. La memoria no podemos disfrazarla como si fuera una caricatura para niños de kinder. La realidad es dura e incluso más grotesca que lo visto por los visitantes al Museo de la Memoria. La realidad, quiéranlo o no, se parece más al Museo de Auschwitz que a un video del Perro Chocolo.

Para sanar las heridas de un país fragmentado, no basta con decir “demos vuelta la página y echémosle pa´lante”. Para sanar las heridas de un país fragmentado, debemos afrontar nuestras causas, asumir nuestras culpas. Es necesario decir frases como “yo sé donde están los cuerpos”, “lo que la derecha chilena apoyó y respaldó por décadas no puede volver a ocurrir”, “tenemos que reconocer nuestro pésimo manejo que derivó en la crisis que desembocó en una oscura noche de 17 años”. Esas son las frases que tenemos que decir. No podemos seguir autoengañándonos creyendo que solo unos pocos sicópatas se pasaron de la raya. No podemos tampoco ser tan aberrantes de decir “es cierto que murieron más de tres mil personas, pero nuestra economía creció un 4%”.

Me gustaría saber en qué parte de la historia las personas dejaron de importar y se convirtieron en el ganado de un rancho al que sólo le impota su negocio. La gente, que se pudra.

Necesitamos una educación que aterrice los conocimientos y oportunidades dejados por la cultura. Necesitamos urgente que en las aulas se hable de las innovaciones que hoy aporta la economía creativa a la creación de valor en nuestras propuestas exportables. Necesitamos que nuestros jóvenes sepan que, errores más errores menos de la UP, una dictadura arrasó con la dignidad y vida de miles de compatriotas. Vecinos, amigos, familiares, colegas.

El Ministro Rojas no puede ensuciar su misión: hacer que las culturas, las artes y el patrimonio respondan a las necesidades de una nación que busca crecer no sólo en cifras macroeconómicas que nada le dicen al ciudadano promedio. Nuestro crecimiento humano, social y espiritual dependen de un rol destacado en esta partición del Estado. No le vamos a pedir al gobierno que ponga a alguien contrario a sus ideales a cargo de la cultura, pero al menos pido gente a la altura de la dignidad de la misión asumida.

 

 

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